23 DE NOVIEMBRE: DÍA MUNDIAL CONTRA EL CONSUMISMO

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23 Nov

También llamado Día Mundial Sin Compras, el Día Internacional contra el Consumismo consiste en una iniciativa que motiva a la población a no abusar en los consumos que realiza diariamente. La razón del día es buscar un consumo responsable, frente al modelo de consumo despilfarrador e individualista que contribuye cada día más a la contaminación y destrucción del ambiente; se basa en el valor que se les da a las cosas, en recordarle a la población que un objeto nunca nos hará felices.

Esta jornada de protesta se comenzó a celebrar en Canadá, concretamente en la ciudad de Vancouver. Fue ideada por el artista Ted Dave en el año 1992. El Buy Nothing Day fue promovido por la organización anticapitalista Adbuster y hoy en día se celebra en más de 65 países.

En estas fechas navideñas, especialmente, los comercios, y medios de comunicación, lanzan sobre los ciudadanos la ofensiva consistente en repetir hasta la saciedad, mensajes de paz, de amor, y, sobre todo: de consumo. A nuestras obligaciones de ser felices, bondadosos, solidarios, entrañablemente familiares, alegres y divertidos, se une la más sagrada de todas, la de comprar.

¿Qué es el consumismo?

El sistema económico capitalista lleva implícita una cultura de consumo, pero no del consumo de aquellos elementos que son necesarios para vivir sino del que promueve la “producción y uso de bienes no estrictamente necesarios”, siendo esta la definición que le da la Real Academia Española (RAE) al término consumismo.

En este sentido, puede hablarse de dos tipos de productos o servicios: los necesarios o básicos como la ropa y comida y los no necesarios o lujos, aquellas cosas que no se necesitan pero se desean. Por esto es necesario tener una idea clara de cuáles son nuestras necesidades reales y cómo podemos cubrirlas del mejor modo, no dejándonos engañar por la apariencia o la publicidad.

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Origen del consumismo

En la literatura actual se señala que el consumismo tal y como lo conocemos hoy día, surgió a finales de la Primera Guerra Mundial, en esta época el mercado estadounidense sufrió una gran crisis económica, lo que ocasionó  altos niveles de desempleo y enfriamiento o estancamiento del mercado; la demanda de los productos se veían reducidas, por lo que se debía motivar de alguna manera.

Fue Edward Bernays, sobrino del reconocido psicoanalista Sigmund Freud, quien encontró la manera de motivar el consumo valiéndose de los descubrimientos de su tío de que las personas tienen en lo más profundo de su ser un estado animal que se caracteriza por sentimientos irracionales, y que el comportamiento de las personas a veces se nutre de esos impulsos irracionales que nacen de lo más profundo de sus mentes. A Bernays se le ocurrió relacionar estos impulsos irracionales con el mundo de la publicidad comercial; asociando los distintos productos a deseos instintivos que tiene el ser humano en su inconsciente.

De esta manera es como el consumo de bienes primordialmente realizado para satisfacer necesidades, pasó a satisfacer deseos, lo que produce el consumo desenfrenado que hoy conocemos. Hoy día, el consumismo no solo se basa en los impulsos inconscientes e irracionales que genera nuestro cerebro, sino también en el contexto social donde nos desenvolvemos porque cuando tratamos de ser aceptados socialmente nos vemos obligados a adquirir determinados bienes y servicios.

Causas

1.- El capitalismo

El consumo es el elemento central del capitalismo, porque carece de sentido que se produzcan cosas que no serán consumidas. En este modelo los medios de comunicación de masas representan un papel fundamental, pues actúan como cajas de resonancia de la publicidad.

2.- La publicidad

El individuo de la sociedad actual se ve bombardeado por todo tipo de publicidad, la cual presenta los productos como necesarios para la vida y forma en las personas falsas necesidades. La publicidad es tan poderosa que tiene el dominio de influir en las decisiones de compra de las personas, apela a que el individuo consuma en exceso, y lo hace al generarle deseos o imponiéndole un grupo de referencia que consume para ser feliz.

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Consecuencias

  • Tiene un impacto negativo en el ambiente, ya que se sobre utilizan los elementos naturales y servicios.
  • Genera altos niveles de contaminación.
  • El consumismo no promueve el desarrollo sustentable lo cual trae consecuencias para las generaciones futuras y no solo para la actual.
  • Genera ansiedad en las personas: cuando alguien quiere poseer un artículo y claramente este se escapa de sus posibilidades económicas, se puede generar ansiedad al no poseerlo o al tener que trabajar de más para poder comprarlo, es decir al tener que hacer algún esfuerzo extraordinario para poder hacerse con él.
  • Adopción de costumbres extranjeras al consumir productos importados sobre los nacionales.
  • Las expresiones culturales como transmisores de sentido y valores se modifican de tal manera que hoy el joven de la generación que se está formando, es preparado para consumir y no para ser una persona independiente y crítica.

Consumo responsable: Pienso, luego consumo

Si diariamente, durante los 365 días del año nos planteáramos si de verdad necesitamos lo que compramos, el consumo sería más consecuente. Lo que se busca es un consumo más responsable y no de manera compulsiva como la realizan cada día millones de ciudadanos, se pretende que la población se dé cuenta de la importancia que tiene solo comprar y consumir lo que es realmente necesario, mientras hay que aprender a prescindir de todo aquello que no tiene ningún valor.

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Debemos estar conscientes no sólo del daño ambiental, sino de todo el contexto de los procesos de consumismo. Las personas que elaboran los productos de consumo; los lugares de los que provienen, en su mayoría son sitios en vías de desarrollo y las personas que realizan la mano de obra se encuentran constantemente explotadas.

Se puede hacer una sociedad mejor, de la mano del consumidor, mediante éste se encuentra el poder para desarrollar alternativas de adquisición, como por ejemplo, ofrecer un regalo hecho con las propias manos o comprar en los mercados sociales. El consumidor dejará de ser un número más dentro del mercado y razonar éticamente de una forma más sostenible.

Es necesario cambiar los hábitos de consumo, ajustándolos a las necesidades reales y eligiendo en el mercado los bienes y servicios que favorezcan la conservación del ambiente y la igualdad social.

Como bien decía Paltrinieri, “la gente feliz genera vínculos; la gente infeliz compra compulsivamente”.

 

 

FUNPZA

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